Historia

Empresa

Los tejidos por tradicion, el teatro por vocacion

Los Peroni de Gallarate son una familia de antigua tradición textil. Su manufactura ya está presente en la pequeña ciudad de Lombardía desde finales del 1700.
En el 1982, mientras la crisis del sector se agudiza, un descendiente de la familia, siguiendo su inclinación por el teatro y la ópera, pone en marcha una rama de lo que queda de empresa, que desde los años 50 provee de sus tejidos a La Scala de Milán y al Teatro Regio de Turín. Conducido por la experiencia paternal y ayudado por no más de tres o cuatro colaboradores, orienta su actividad al servicio exclusivo de las realizaciones escénicas.
Extrovertido como un actor de espectáculo de variedades, el chico se convertirá en resumen en uno de los personajes más conocidos y queridos por maquinistas, iluminadores, decoradores, sastres, directores y escenógrafos, toda la gente que "tras los bastidores" crean cotidianamente casi de incógnito el teatro.
A Gallarate, el 16 de marzo de 2000 llegó gente de todo el mundo, en tren, en avión, en autobús…, para la última cita con aquel Michele Peroni que durante veinte años puso a punto los productos que han hecho famosa la empresa gallaratese en el mundo del espectáculo, nacidos por el conocimiento de aquellos mismos hombres y las exigencias de su profesión.

Pero vemos cómo. Desde los principios Michele somete las producciones de tela y tul en grandes anchos de Peroni a continuas pruebas de ignifugación, pasando luego a los terciopelos, a las sedas y una miríada a otros tejidos que van poco a poco a ampliar la gama de los productos específicos para escenografía, seguido por los materiales plásticos, la mecánica para movimiento de telones y escenografías, de las estructuras para escenotécnica que Michele planea, prueba y hace encaminar en producción a “Peroni Productos y Servicios para el Espectáculo”, de creciente fama gracias al passaparola entre los entendidos, que se dirigen cada vez más a menudo a Michele para buscar de el, además de los productos, el consejo.
Se desarrolla así la filosofía empresarial, siempre marcada por la flexibilidad, para siempre satisfacer las solicitudes de una clientela en busca de productos de gran efecto, para los que son esenciales la celeridad de las entregas (el espectáculo es un mundo en perenne lucha con los tiempos), el respeto de las normativas de seguridad, la relación calidad-precio de los productos, la información sobre sus empleos y características, la asistencia post-venta.
Para sustentar la expansión de Peroni, Michele se rodea de nuevos colaboradores, cuya profesionalidad constituye hoy en día uno de los puntos de fuerza de la empresa. Toma acuerdos para producir en exclusiva los artículos por él mismo estudiados y para distribuirlos en un mercado internacional, acuerdos entre los cuales es suficiente citar aquel con Rosco, una institución en los entornos cinematográficos y teatrales, presente en todo el mundo y sobre todo en los Estados Unidos.

Al mismo tiempo de la puesta a punto de los materiales, Peroni inicia también a confeccionar telones, fondos y cicloramas, y a construir las pantallas para proyección y retroproyección para efectos teatrales, que serán solicitados, además de en los teatros italianos y europeos, en todas partes del mundo.
A finales de los años 80, Michele Peroni encuentra a Sabino Lenoci, gran apasionado de la ópera con una personalidad cultural de relieve.
“Fui a Gallarate para buscar apoyo, tenia desde hace años en mente una revista para los fieles de la lírica. Conocía la fama de Peroni, considerada su actividad me pareció la única empresa a la que pudiera interesar una cosa de este género. Pregunté por el Sr. Peroni, y me mandaron al despacho de un señor distinguido, sobre sesenta años. Cuando le expliqué, me dijo que no le interesaba. Habían hecho inversiones fuertes para ellos, y ya no tenían dinero. Efectivamente era una pequeña empresa, más pequeña de lo que me esperaba. Mientras miraba a mí alrededor entendí que me había equivocado, en ese momento entró en el despacho a un chico delgado, alrededor de treinta años, pelo oscuro. Decepcionado, me esforcé por escuchar al Sr. Peroni que me expuso sus razones, y mientras tanto aquel chico a espaldas de mi interlocutor me distrajo haciéndome señas que no comprendí. No logré explicar el motivo de mi visita.
Salí a la calle, y estaba encaminándome con desilusión al coche. Oí que me llamaban. Era el chico de las señas. Espera, me dijo riendo, mira que yo no estoy de acuerdo con mi padre.”

"L´Opera", hoy revista de difusión y notoriedad internacional, nació así. Desde entonces las dos realidades han crecido juntas, ganándose la consideración y el cariño de entendidos y apasionados. Michele en este punto ya ha puesto las bases que harán de Peroni una referencia del sector.
La sociedad poco a poco consolida los mercados extranjeros, en particular el español, francés, suizo y japonés, al punto de decidir, en los años 90, la abertura de empresas de comercialización de los mismos productos en cada uno de aquellos países.
En el 1998 Peroni inaugura la nueva sede de Gallarate. Al final del milenio, en Gallarate se acuerda un nuevo apoyo a Sabino Lenoci para la fundación de otra revista especializada: ¡es "Musical!", esta vez dirigida a los apasionados de teatro musical.
Y he aquí el 10 de marzo de 2000, fecha importante en la historia de Peroni desde aquella de su fundación.
Era una tarde tibia, de aquellas que quien tiene una moto reabre la cochera después del gris invernal para hacer brillar los cromados al sol. Después de haber recorrido millones de kilómetros de un teatro al otro, por las calles y en aviones de todo el mundo, Michele Peroni pierde la vida en un banal accidente de moto a pocos metros de su empresa.
Quien ha conocido su ironía, sabe que en la solución de este problema a Michele le hubiese gustado meter la pata.
La empresa que deja, es familiar. Pero en el mercado es una de las realidades más conocidas, y no sólo en Europa. Todos se preguntan que sucederá, los hijos de Michele todavía son demasiado jóvenes para conducir a más que cincuenta personas en Peroni. Alguien lo llevara hacia adelante,
Tras los bastidores, dónde siempre ha estado.
Una mujer menuda, que no quiere por nada del mundo perder lo que ha visto crear al marido.
Pero quizás no solo ha visto.
“El primer telón se lo he cosido yo”, confiesa. Todo el personal a su alrededor, y la aventura continua. ¿Qué ha sucedido desde aquel momento? “Cuando hay cualquier cosa para hacer, hablo con mis colaboradores, y nos preguntamos, que habría hecho Michele, luego decidimos”, dice Elisabetta Peroni, la señora menuda. ¿Qué piensa de la empresa?
“El sistema se diría que funcionas, en los últimos doce meses las ventas han crecido el l 15%”, constata sonriendo el arquitecto Gianni Crevacore, responsable técnico de Peroni. ¿De quién es el mérito? “Desde la desaparición de Michele hemos tratado de hacer todo todavía mejor que antes. Los clientes nos han dado enseguida confianza. Creo que nadie se ha arrepentido.

Octubre de 2001